Prueba de manejo: Chevrolet Equinox

Nos subimos a la nueva propuesta de la marca en el segmento de los SUVS, que se ubica por encima de la Tracker y que ocupa el lugar de Captiva. Estas son nuestras impresiones.

 

El Equinox es un SUV mediano que va por su tercera generación, pero que en la Argentina su debut fue reciente. Proviene de México, es decir su valor tiene algunos beneficios en  impuestos de importación, pero además la producción en esas latitudes garantiza una calidad superior.

 

Al frente, el Equinox tiene rivales con bastante historia, como la Honda CR-V, Nissan X-Trail, el más de vendido de Hyundai (Tucson), la poderosa Ford Kuga y jugadores recientemente nuevos, como el Jeep Compass, que viene traccionando muy bien en ventas. En resumidas cuentas: tiene un panorama complejo para ganarse un lugar entre sus rivales.

Si le buscamos un lugar dentro de la familia Chevrolet, se posiciona claramente por encima de la Tracker, no solo por dimensiones sino también por prestaciones; y es en definitiva el reemplazante de la veterana y ya jubilada Chevrolet Captiva.

Hay dos maneras de acceder a este nuevo SUV. Una versión “base” llamada FWD ($1.179.900), que de base no tiene nada, ya que ofrece muchísimo equipamiento (ofrece 6 airbags, ganchos Isofix, Control de Estabilidad y de Tracción). Luego está la versión Premier AWD ($1.539.900), cuya gran virtud, además de ofrecer Alerta de Cruce Trasero (avisa si viene alguien por detrás cuando se activa la reversa), la Alerta de Colisión Frontal, que puede frenar el auto cuando uno no reacciona, incluso frente a los peatones; el aviso de punto ciego, asistente de carril; es que cuenta con sistema de tracción integral, a diferencia de la otra que es solo tracción simple.

Una de las buenas decisiones de la marca, fue optar por colocarle al Equinox –aunque se trate de un vehículo de grandes proporciones y por ende pesado- el mismo motor que impulsa al Cruze II. Es decir, el 1.5 naftero turbo de 1.5 litros de 172 CV, el cual tiene como una variante de transmisión una automática de 6 marchas. Es un motor pequeño, de cilindrada baja si se compara por ejemplo con el motor 2.0 EcoBoost de 240 CV, pero con una muy buena dosis de caballos. El turbo logra también que su torque sea muy elevado (275 Nm), es decir tiene mucha capacidad de empuje.

El otro gran atributo, es lo que ofrece por dentro. La calidad de todos sus componentes, el excelente espacio (atrás el espacio es muy generoso) y el buen aislamiento que tiene la carrocería, son las claves que le juegan a favor a este nuevo jugador. Su consola central, es netamente Chevrolet, es decir muy similar a otros modelos, con el sistema multimedia al centro. El climatizador automático con salidas traseras, las butacas tienen memorias y de modo que son eléctricas.

¿Cómo va?

Es un SUV que no defrauda en los sobrepasos. Tiene empuje. Su sexta marcha es larga y ello es bueno, ya que le permite viajar a 130 km/h en bajas vueltas. Lo cual, a su vez, se traduce en un consumo bastante aceptable: 9.5 litros cada 100 km a 130 km. ¿Dónde nos desconoce este Equinox y se vuelve en un enemigo del bolsillo y amigo YPF?, en la ciudad, ya que en ese entorno su computadora de a bordo oscila entre los 13 y 14 litros cada 100 kilómetros, lo cual es mucho.

Su buen tamaño lo convierten en un auto que transmite seguridad. Es decir, viaja muy estable y aplomado en ruta. Uno de los grandes responsables es su suspensión trasera independiente, que colabora a su estabilidad y el confort de marcha. Este SUV, está alineado con aquellos que insta al confort y que si bien esta versión de prueba tiene tracción integral, no están pensados para meterse de lleno a hacer off road. Sus neumáticos delgados de 19”, son la prueba de ello. Fuimos por caminos de ripio y ahí si encontramos que su tren delantero se vuelve ruidoso. En ciudad la cosa mejora y los ruidos desaparecen, aunque si se hacen presentes los rozamientos de su chapón, en las cunetas y lomas de burro, ya que pese a ser un SUV, su despeje del suelo no es importante, sino que es más bien bajo.