Expedición Cayenne en primera persona

Te contamos desde adentro un tramo de la Expedición Cayenne, de la cual participamos. Cerca de 800 kilómetros, a bordo de la Cayenne S de 420 CV por los paisajes de Mendoza, San Juan y Córdoba, los resumimos de esta manera.

Las automotrices saben que la mejor forma que los clientes de la marca renueven votos con sus productos, y que aquellos que aún no lo son aún, es exponiendo a sus productos a las pruebas de manejo o test drive, a los que justamente nos dedicamos a hacer periódicamente. Pero, entienden también que hay una forma aún más “extrema” de poder hacerlo, y ello se traduce en una prueba de larga duración donde se pueda poner un mismo vehículo durante semanas, meses y atravesar diferentes escenarios con sus debidas exigencias.

En Porsche entendieron que la forma más concreta de plasmarlo, era llevar a cabo una travesía y que mejor que hacerlo con su SUV estrella: El Cayenne. Así se forjó “Expedición Cayenne”, con el fin de atravesar 15 países a lo largo de dos meses y acumular así casi 19 mil kilómetros en el contador total del vehículo en cuestión.

Y no hay nada mejor que en lugar de contarla desde afuera, vivir la experiencia desde adentro y Motriz tuvo el privilegio de formar parte del grupo de medios (se eligieron solo cuatro periodistas de Argentina) que tomó la posta del Porsche Cayenne S en Mendoza para luego unir San Juan, San Luis, hasta llegar a Córdoba: Un recorrido de casi 800 km que concretamos a lo largo de dos jornadas.

Pero la historia comenzó mucho antes. Oficialmente en Montevideo (Uruguay), pero extra oficialmente en México. Pues desde allí, Teddy López Christopher Silveti y Eric Gallardo, tres experimentados pilotos de prueba mexicanos – amigos al finalizar esta experiencia- fueron los encargados de traer rodando desde su tierra (12.500 km hasta Montevideo), las dos unidades con las que se decidió encarar este reto: una Cayenne S (el vehículo oficial de la travesía) y una Cayenene GTS, el auto que todo el tiempo nos secundó en rol de apoyo logístico.

 Ambos Porsche, están equipados con el mismo motor: un impresionante naftero V6 bi turbo. Pero en la Cayenne S tiene 420 CV, mientras que, en la GTS, tiene un plus de 20 CV más. “Es para alcanzarlos, en caso de que se quieran escapar”, bromeaba al inicio de la prueba Eric.

Tras una serie de recomendaciones extras sobre los cuidados que teníamos que tener sobre “nuestra” Cayenne -este Porsche tiene que llegar intacto el 25 de enero a su destino final- y tras dejar nuestra firma sobre el mapa ploteado sobre el lateral izquierdo, emprendimos la aventura. El primer destino marcado fue San Juan, pero lo interesante y lo particular de esta acción, es que nos dejaron total libertad para elegir el camino por donde llegar.

Decidimos entonces apoyarnos en el conocimiento del colega mendocino, Damían Weisman quien rápidamente tiró la idea: “Vamos por la zona desértica de los Altos Limpios”, conocida también como el Sahara de Lavalle, que se caracteriza por tener los médanos de casi 15 metros de altura. A lo que rápidamente los pilotos mexicanos dieron el Ok: “Habíamos visto y pensando ir por Villavicencio, pero vamos por donde digan”.

Y así pusimos en marcha el V6 de 240 CV, cuyo rugir vamos a extrañar luego de escucharlo por cientos de kilómetros. El camino para llegar fue la poca transitada ruta nacional 142, donde fue ,el único tramo donde pudimos llevar la aguja del velocímetro a los 190 km/h, pero la sensación adentro es que viajábamos a 120 km/h.

A la altura del kilómetro 71 de la ruta 142, hicimos la primera parada en un desvió que marcaba “El Cavadito”, una histórica capilla que data de 1892 y que se puebla con miles de fieles en una colorida celebración cada 28 de octubre.  Estuvimos poco. Solo un par de fotos, y el calor abrazador, rápidamente nos depositó adentro de las camionetas con el aire clavado en 19 grados.

Seguimos la marcha y los famosos medanos empezaron a ser la compañía constante del trayecto. Aún, sin demasiada confianza, utilizamos la radio para comunicarnos con el Porsche de atrás para consultarles, qué posibilidad había de salir nuevamente de la ruta asfaltada para hacer un tramo de la arena y quien te dice, encarar alguna de las dunas. El grupo de apoyo nos dio otro de los tantos OK que recibiríamos durante todo el trayecto, y así encaramos para la arena.

Fue la primera vez que interactuamos con la suspensión adaptatitva (subimos un poco el coche), revisamos la presión de los voluptuosos neumáticos de 21 pulgadas (entre la Cayenne de apoyo y la nuestra llevábamos 7 juegos de neumáticos de ruedas y llantas de repuestos) y activamos la tracción integral.

Nos imaginábamos y fantaseábamos con pedirle a Porsche una Cayenne para ir a la costa Argentina y encarar las dunas este verano. Pues, el Cayenne puede meterse sin problema, pero siempre y cuando que la arena no se encuentre demasiada suelta. Los dibujos de los neumáticos cien por ciento para la ciudad y la imposibilidad de desconectar totalmente el control de estabilidad, son dos aspectos que dejan en claro que no es un coche 4×4 de pura cepa, sino que ofrece ciertos permitidos, siempre y cuando se tenga el ojo entrenado y la conducta de detenerse, cuando no se sabe con certeza de lo que depara el camino. Más aún cuando se trata de la arena.

Es por ello, que escuchamos el llamado del grupo de la Cayenne GTS de pegar vuelta. Lo hicimos, pero antes, nos permitieron “jugar” un rato haciendo un par de drifting (coleadas en criollo) para luego retomar sin escala hasta un coqueto hotel boutique en un viñedo de San Juan.

El segundo día de la expedición empezó temprano a las 9:00 con un sol, que ya se hacía sentir. Al igual que nos consultaron en al salir de Mendoza, Eric Gallardo, el que más hablaba de los tres pilotos, nos volvió a consultar. ¿Tienen pensado por donde entrar a Córdoba? Y en esta oportunidad, la responsabilidad cayó entera sobre mí, pues no nací pero vivo en Córdoba más de la mitad de mi vida. A lo que respondí- Vamos a ingresar por el Camino de las Altas Cumbres.

Programamos el GPS de ambos Cayenne, en el cual nos arrojaba un tiempo de aproximadamente siete horas, para recorrer alrededor de 550 km. Una relación tiempo/distancia que a medida que nos fuimos internando por los zigzagueantes caminos de se intensifican pasando la zona de Mina Clavero, los mexicanos fueron entendieron el porqué la demora que arrojaba el GPS.

 

Tampoco entendían demasiado el apuro en llegar a vaya saber dónde, de decenas de autos cargados de familia sobrepasando en doble línea amarilla y con la curva encima. El dato sin duda, por el que uno se avergüenza y no encuentra ni quiere encontrar explicación de lo que ve. A los pocos minutos, mientras hacíamos unas tomas con el dron sobrevolando las altas cumbres, el choque entre dos conductores distraídos, frente a uno de los tantos paradores de la zona, le quitaba tranquilidad a la tarde. Por suerte, sin lastimados ni víctimas que lamentar.

Oficiamos durante el trayecto de guías turísticos de lo que íbamos pasando y explicándoles un poco a los azorados mexicanos, de lo que implicaba el cartel que indicaba el desvío al Giulio César, para los cordobeses que amábamos el rally. Prometieron volver cuando se lleve a cabo la próxima edición, atraídos por mis relatos de la exigencia de este rally, pero también por el folklore que se genera tras este deporte, y de las historias tras los asados, el fernet y el cuarteto, al cual se lo hicimos escuchar de auto a auto, cuando la radio agarraba de vez en cuando señal.

Pasadita obligada por la costanera de Carlos Paz, un lunes feriado para mostrar otra de los atractivos de Córdoba y luego parada sin escala hasta el Porsche Center a las 20:00, donde Ismael Biondo, gerente de la concesionaria, junto al jefe de taller junto a su hijo, nos esperaban para revisar y cuidar las “nanas” de ambas Cayenne. Las cuales se limitaron a un par de juegos de neumáticos que ya pedían cambio del Porsche de apoyo, es decir la GTS, un juego de pastillas trasero que también merecían recambio, regular los sapitos de los limpia parabrisas (apuntaban más para afuera que al parabrisas) y un buen lavado que sería al día siguiente, bastarían para dejar alistadas a ambas Cayenne.

Tras abrazos apretados, pulgares arribas y risas de algunas anécdotas que revivíamos, nos despedimos de nuestros amigos Teddy, Christopher y Eric. Ellos, ya con el chip puesto que les espera aún largo trayecto y unas fiestas de fin de año alejados de sus familias. Nosotros, gozosos y satisfechos de haber cumplido las expectativas de llevar la expedición por los mejores caminos de Mendoza, San Juan y Córdoba. Así nos los hicieron saber ellos y así lo sentimos nosotros. Esperamos ansiosos ver cómo sigue esta travesía que tiene punto final México el 25 de enero.