De Ford, General Motors y Toyota: las nuevas autoridades de ADEFA

La Asociación de Fábricas de Automotores eligió la nueva comisión que estará al frente de la entidad durante el período 2019-2020

Gabriel López, presidente de Ford Argentina, fue electo por unanimidad para presidir por el término de un año ADEFA. Será acompañado en la vicepresidencia por Federico Ovejero, General Motors de Argentina y por Daniel Herrero, de Toyota Argentina S.A., en calidad de Secretario. Así quedó determinado durante la Asamblea Anual celebrada hoy, tras quedar constituida la nueva Comisión Directiva que se completa con los otros representantes de las Asociadas, en carácter de vocales. Ellos son:
  • Cristiano Rattazzi (FCA Argentina S.A.)
  • Seiji Saito (Honda Argentina S.A)
  • Marcus Cheistwer (Iveco Argentina S.A.)
  • Manuel Mantilla (Mercedes-Benz Argentina S.A.)
  • Gonzalo Ibarzabal (Nissan Argentina S.A)
  • Luis Fernando Peláez Gamboa (Renault Argentina S.A)
  • Rodrigo Pérez Graziano (PSA Peugeot Citroën Argentina S.A.)
  • César Luis Ramírez Rojas (Scania Argentina S.A)
  • Thomas Owsianski (Volkswagen Argentina S.A.).
Durante la asunción del nuevo Triunvirato, López repasó los temas de agenda y se centró en los desafíos y oportunidades que se presentan para el sector automotor. “La industria automotriz argentina tiene por delante grandes desafíos en un momento en el cual nuestro sector está atravesando un proceso de transformación disruptivo como nunca visto en los últimos 100 años”, señaló López. Luego agregó que “desde ADEFA estamos muy entusiasmados en trabajar junto a toda la cadena de valor en el desarrollo de una visión y un plan estratégico holístico para que la industria automotriz argentina acompañe esta transformación global y continúe siendo un jugador relevante en la economía nacional como agente de desarrollo que transfiere tecnología, da trabajo de calidad, genera divisas, entro otros, aportando al desarrollo del país”.  

VW T-Cross: Aventura con el SUV chico por el Sur Argentino

Villa La Angostura. Participamos de una travesía a bordo del T-Cross, a la que no le faltó nada. Recorridos urbanos, tramos por la Ruta 40, senderos de tierra, barro y por momentos, caída de agua nieve.

La posibilidad de interactuar con un modelo durante su lanzamiento, es por lo general, tema controvertido. Las agendas con tiempos comprimidos, (palabras de directivos, explicaciones de voceros de sus respectivas áreas; tiempo para que 50 periodistas se suban y manejen. Sin olvidarnos de las pausas para los almuerzos, cenas y traslados, etc, etc); todo ello, dificulta conducir y conocer el auto como uno quisiera. En ese contexto, cuando determinadas marcas, organizan test drive de grupos reducidos, en lugares que, además de ser atractivos turísticos, permiten interactuar con el auto de veras, dicha acción se agradece.
 

En el estacionamiento del Aeropuerto de Bariloche, todas las T-Cross y alguna que otras Tiguan, nos esperaban

Es por ello que, no tardamos en confirmar la propuesta de Volkswagen de subirnos a un avión rumbo a Bariloche, y luego desde dicho aeropuerto, subirnos inmediatamente a las T-Cross, que estaban alistadas para ir rumbo a la vecina y hermosa, ciudad de Villa La Angostura.

Se largó a llover el primer día del recorrido. De momentos, costaba divisar al auto adelante nuestro

Seguramente no estaba prevista una copiosa lluvia que nos acompañó hasta pasado el mediodía, la cual dejó sin efecto unas paradas que se habían previsto en uno de los tantos miradores que hay camino a La Angostura. Solo unos valientes fotógrafos con unos pilotines improvisados descendieron para retratar imágenes, donde el agua color turquesa y las montañas con sus picos de nieve, no iban a apreciarse del todo.

Todos cobijados adentro de las T-Cross, por la lluvia.

Independientemente de la versión, el T-Cross, es uno de los de mejor habitabilidad del segmento y ello, en un viaje como este, desde luego que es para remarcar. Algunos hicimos el recorrido con tres, otros con cuatro pasajeros, y lo cierto es que nadie renegó cuando le tocó el turno de ir sentado atrás. Las versiones más equipada, como la nuestra, cuenta con el plus del techo vidriado que abarca todas plazas y que incluso se abre el sector delantero. Esta solución, es resolutiva no solo al momento de dejar ingresar luz al interior, sino que colaboró para que nadie se quedara sin la visual del majestuoso paisaje donde nos íbamos internando. Una pequeña alarma y el icono universal que retrata el frío, apareció en el amplio tablero -cien por ciento digital en el caso de nuestra unidad- para indicarnos que el pavimento tiene una temperatura de apenas 3 grados. La lluvia no cesa, las escobillas funcionan a máxima velocidad, pero adentro nadie se puso nervioso ni preocupado por la inclemencia. Una buena música, mates de por medio y una destacable insonorización; sumado a una posición de manejo elevada (se tiene mayor control de lo que sucede afuera) y la seguridad que da saber que el Control de Estabilidad, está atento ante cualquier situación de patinamiento, ayudaban a pasar el momento. Se acercaba el mediodía y la idea de degustar algo típico del lugar, empezaba a girar al compás del ruido de algunos estómagos. Es por ello que, al saber que la primera parada técnica estaba prevista en la exclusiva cabaña llamada “El Santuario” – a la vera del Nauel Huapi- nos esperaba un cordero braseado al vino tinto, nos animaba a acelerar la marcha. Un detalle: para ingresar había que incursionar por un hermoso camino de tierra, convertido en barro ya a esa altura; y la T-Cross es de aquellos SUVs que no cuentan con doble tracción. Muchos badenes estaban realmente colmados de agua y por tramos, había que ponerse enérgico con el acelerador para encarar unas trepadas, donde más allá que alguna que otra escarbada de las ruedas delanteras, la cosa no pasó a mayores. Es muy bueno el despeje de este SUV mediano, excelente la configuración de las suspensiones y ágil al momento de “muñequear” su dirección, en busca de la zona menos barrosa y de la huella menos profunda. Pero la ausencia de tracción en las 4 ruedas y sus neumáticos cien por ciento para asfalto, impedirían desde ya, incursionar por recorridos más escarbados. Más allá de ello, se pudo llegar airoso al destino. Hasta el momento habíamos podido estar al mando del T-Cross en un breve contacto por ciudad y ahora en un pequeño tramo lluvioso de ruta, con incursión por tierra/barro y el desempeño de su conjunto motor/caja, nos había resultado correcto. Es decir, sin mucho para criticar, y sin mucho para destacar. Sin embargo, a la jornada siguiente, ya con un sol radiante, el plan fue seguir recorriendo la zigzagueante ruta 40, para desembocar al Cerro Bayo, lugar donde nos esperaba una caminata con raquetas por la espesa nieve que aún se cobijaba en la zona alta del mismo. Fue un tramo corto, pero trabado por el intenso tráfico y gran presencia de camiones que van rumbo a Chile y viceversa. En este tipo de test drive, hay una consigna: no perder de vista a la caravana y mantenerse a ritmo, para no quedar rezagado. El sobrepaso de camiones, se volvió entonces la maniobra más recurrente (y peligrosa); a excepción de que uno esté dispuesto a tomarse de paciencia y a circular a no más de 30 km/h, detrás de un gran acoplado. La constante doble amarilla se convertía por escasos momentos (la mayoría del tramo es curva y contra curva), en una sola línea blanca y entonces, era el momento de “acelerar o acelerar” para pasar a turistas distraídos por el paisaje y a extensos acoplados arrastrados por camiones. En esa situación, el conocido naftero 1.6 litros de 16 válvulas y 110 CV, combinado con la caja automática de 6 marchas, no la  pasó muy bien. El esfuerzo del motor se traduce en un fuerte y forzado rugido (grito) que se siente bastante desde adentro y en una respuesta un tanto lenta de su caja, que ante la acelerada, queda un poco pensante y luego rebaja la marcha. Aquí, es donde queda en evidencia la falta de vigor de este conjunto mecánico y donde se le regaña un par de caballos más. Caballos, que llegarán el año que viene cuando se sume la versión que equipará el 1.4 turbo de 150 CV y 250 Nm. Más allá de ello,  con 4.500 unidades vendidas del T-Cross hasta el momento, el SUV viene superando con creces las expectativas de la marca. Llegó a destiempo de la competencia, pero su buena recepción, ayudada principalmente por su seductora estética, está dándole muy buenos resultados a la marca. El espacio interior es de los mejores del segmento, se hace fuerte también con su alto nivel de seguridad (Doble airbag lateral delantero, doble airbag de cortina, frenos ABS con EBD, Control de estabilidad, Sistema de frenado postcolisión, Asistencia al arranque en pendiente, cámara de visión trasera, Sensores de estacionamiento delanteros y traseros, control de presión de neumáticos, control de crucero, Anclajes Isofix, Detector de fatiga, entre los principales), la configuración de sus suspensiones es casi perfecta; como también así la calidad de todos sus materiales. Su comportamiento en ciudad no defrauda, como tampoco su consumo (9 litros cada 100 km) e incluso tiene ciertos permitidos para incursionar fuera del cemento. Flaquea en ruta y autopistas, donde la potencia y reacción son muchas veces necesarias, y los caballos de su motor se quedan cortos para mover su peso. Amén de ello, son más los puntos a favor que en contra y ello, por ello este debutante utilitario deportivo chico, viene abriéndose camino entre rivales (Ford EcoSport, Renault Duster, Chevrolet Tracker, Nissan Kicks, Honda HR-V, Jeep Renegade, Renault Captur) de peso.
Ficha Técnica
  • Modelo: Volkswagen T-Cross
  • Fabricado en: Brasil
  • Motores: Naftero, cuatro cilindros en línea, cuatro válvulas por cilindro, de 1.6 litros
  • Potencia: 110 CV a 4.500 vueltas
  • Caja: Manual de 5 marchas y Automática de 6 marchas, con modo secuencial y levas al volante
  • Medidas: Largo: 4.199 mm; ancho: 1.760 mm; alto: 1.565 mm
  • Distancia entre ejes: 2.651 mm
  • Capacidad de baúl: 373 kilos
  • Desde $1.141.500 (Trendline Manual) hasta $1.776.550 (Hero TipTronic) …

Motriz (C) 2013